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arte contemporáneo - biografías inéditas - ensayos


Miya Masaoka

Después de explorar las profundidades de la música clásica, la artista norteamericana Miya Masaoka (1958) se lanzó a experimentar. Sus composiciones para koto [instrumento tradicional japonés] y sus intervenciones para interfaces de video, láser, orquestas de cuerdas y coros mixtos se encuentran en un mapa tecnológico donde se cruzan la visualización de datos digitales, el comportamiento cerebral humano, la vida de las plantas y el movimiento de los insectos. Casi con intención pitagórica, Masaoka dirige sus esfuerzos en decodificar e interpretar la armonías propias de los seres vivos.

Para la instalación sonora interactiva Piece for plants utilizó una laptop, un sintetizador y una planta semitropical llamada filodendro. La planta interactúa como solista en un conjunto musical virtual. Masaoka conecta electrodos ultrasensibles a las hojas del filodendro que generan una onda de retroalimentación biológica. La planta es estimulada por una persona a través del tacto y la diferencia de temperaturas, las oscilaciones luego se convierten en música. La instalación se desarrolló por primera vez en el Lincoln Center Out of Doors, los mismos espectadores participaron en la concepción del bloque musical. “La pieza evolucionó al punto que terminó hablando sobre los miedos y las historias personales de la gente, nuestro papel como humanos en un entorno e interdependiente, y el potencial para comunicarse con las plantas que aún está por descubrirse”, explicó la artista.

Para Insects and the Body se vale de piel, insectos e imágenes digitales. El objetivo es reflexionar sobre las aspectos sociales de la interacción entre humanos e insectos. Masaoka ubica sobre el escenario un puñado de cucarachas y cientos de abejas. En base al sonido y el movimiento que generan, mezclados con sensores que registran el sonido interno del cuerpo en tiempo real, compone una pieza musical que originalmente derivó en un nuevo idioma: el kosectese, integrado por los sonidos de la instalación y fonemas japoneses e indostaníes.

Las obras de esta artista norteamericana-japonesa han dado la vuelta al mundo y han calado muy profundo en la tradición oriental, consecuencia de las nuevas formas de pensar e interpretar el koto. Su trabajo representa una expansión del instrumento aprovechando el campo virtual, siempre a partir de la improvisación y el procesamiento de información en tiempo real.

Masaoka, junto con la SF Sound Ensemble (Matt Ingalls, clarinete; Hugh Livingston, chelo; Tom Swafford, violín; David Birthelle, trompeta; John Shiurba, guitarra; John Ingalls, saxofón, y Rakesh Khanna, percussion), desarrolló la composición interactiva Thinking Sounds, basada en las ondas cerebrales de una persona elegida al azar entre el público.

La actividad cerebral se registra a través de un casco de EEG (electroencefalograma). El voltaje del cerebro se escucha amplificado y procesado por una computadora portátil. La representación gráfica de las ondas se superpone a un pentagrama, el sonido se filtra en midi y se envía a sintetizador para presentarlo en sus variables de tono, tiempo y timbre. Con el sonido final, los músicos improvisan en vivo. Para finalizar la acción, los músicos interpretan orquestalmente los datos beta, theta, alpha, delta y el movimiento ocular diferenciado.

Miya Masaoka: Pieces for Plants

Alberto Greco

Usted, querido lector, bienvenido nuevamente, podría haberse convertido en una obra de arte si el argentino Alberto Greco (1931 – 1965) hubiera dibujado un círculo de tiza alrededor de sus pies. Y no sólo usted, sino cualquier persona u objeto que él considerara una obra de arte. Un vivo-dito, así la llamaba, una obra conceptual vitalista cargada de humor y sarcasmo que consiste en señalar que algo o alguien es un hecho artístico.

A mediados de 1959, Greco se unió al Movimiento informalista de Buenos Aires. Tres años después se mudó a París, donde se instaló definitivamente. Su primera muestra fue Pablo Curatella y treinta argentinos de la Nueva Generación, allí presentó Treinta ratones de la nueva generación, que consistía en un frasco de cristal con treinta ratones blancos en su interior. La obra apenas duró un día en exposición por el olor desagradable que emanaba. Acto seguido, dio inicio oficialmente a la serie de acciones vivo-dito. Fue el 12 de marzo de 1962, Greco anunció en las calles parisinas la Primera exposición de arte vivo, en la que firmó al escultor argentino Alberto Heredia. Luego llegaron decenas de acciones, tanto en Europa como en Latinoamérica, donde firmó cabezas de ganado, mendigos, vendedores ambulantes, ancianas, lustrabotas, etc. En su gran mayoría, las acciones fueron registradas con una cámara fotográfica.

Ese mismo mes, en el salón Antagonismes 2, l´objet, en el Museo de arte decorativo de París, se expuso a sí mismo con un cartel que decía Alberto Greco, obra de arte fuera de catálogo. Caminó entre los espectadores repartiendo una tarjeta donde se promocionaba a él mismo como un objeto artístico. Greco desarrolló esta acción sin haber sido invitado a exponer.

Fue también en ese año su último viaje a Italia. Durante la inauguración de la Bienal de Venecia lanzó un puñado de ratas a los pies del presidente de la República italiana; en Roma, durante el Concilio ecuménico II, se disfrazó de monja, y en un teatro off participó en la pieza teatral Cristo 63, que la iglesia señaló como ofensiva a los valores cristianos. El gobierno lo obligó a abandonar el país. “El arte vivo busca el objeto pero […] lo deja en su lugar, no lo transforma, no lo mejora, no lo lleva a una galería de arte”, escribió en julio, a modo de Manifiesto Dito dell´ arte vivo.

La mayor obra vivo-dito de Greco es Piedralaves, una pequeña localidad rural española, donde vivió algún tiempo. Señaló que el pueblo completo era una obra de arte; hizo sostener a los habitantes carteles con distintos textos ("Alberto Greco", "Esto es un Alberto Greco" u "Obra de arte señalada por Alberto Greco") y el fotógrafo Montserrat Santamaría se encargó de hacer el registro. Incluso llegó a rebautizar el lugar con el nombre de Villa Grequíssimo.

Cuenta Montserrat: “Era la primera vez que íbamos a Piedralaves. […]. Ahí conocimos a Alberto, fue un encuentro casual. Como se puede ver en las fotos, colaboraba todo el pueblo, desde la señora que sujeta el rollo de papel desde la ventana hasta la viejita que acaba de tender su ropa y se presta con una gran seriedad a colaborar en algo que para ella era lo mas importante que le habían pedido en su vida. Las fotografías han sido tomadas a su pedido. El me dijo: "Montse, voy a hacer unas cosas, me podés sacar unas fotos". [...] Jamás imaginé que esas fotos serían el único documento de algunas de las obras de arte efímero más importantes del siglo XX. [...]”.

Sus acciones son su legado más recordado, aunque nunca se alejó completamente de las telas y el óleo. A la par de sus intervenciones en el espacio público desarrolló dibujos, collages y pinturas que mezclan elementos del art-brut, el dadaísmo y el tachismo (movimiento francés equivalente al informalismo), donde el objetivo era alejarse temática y estéticamente de la pintura clásica. Son obras desesperadas, de potencia anárquica y un marcado sobresalto emocional. Su muestra en la galería Juana Mordó de Madrid, en mayo de 1964, quedó registrada como un hito. Un día antes de la inauguración publicó en el suplemento de clasificados del ABC un aviso pidiendo niños y niñas de tres a nueve años que canten y bailen, vestidos con ropa flamenca. Decenas de niños con sus padres se sumaron al vernissage, que se convirtió en un colorido y delirante espectáculo multitudinario.

Sus últimos dos años de vida fueron de constantes viajes: Madrid, Lisboa, París, Islas Canarias, Buenos Aires, Nueva York y, finalmente, Barcelona, donde en 1965 escribió la novela Besos brujos, un intento de encontrar las artes plásticas y la literatura. Poco después anuncia su muerte, le escribe a todos sus conocidos para avisarles que se va a suicidar en Ciudad Condal. Hay quienes dicen que la decisión surgió por un desengaño amoroso, pero nadie pudo confirmarlo. El punto es que Greco convirtió su muerte en una obra conceptual. Fue el 12 de octubre. Primero ingirió una dosis exagerada de barbitúricos, cuando comenzaron a hacerle efecto escribió en la palma de su mano izquierda la palabra Fin, y sobre la pared Esta es mi mejor obra, entre otras frases poco legibles. Lo encontraron muerto boca abajo, rodeado de lápices y carbonillas. Tenía 34 años.

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Imágenes de Alberto Greco en Piedralaves
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Gerardo Repetto

La obra como resultado o la obra en tanto su proceso. Esta dicotomía propone ubicarse en lugares bien distintos, o se destaca a una pieza por su calidad como pieza, o se destaca por la complejidad del proceso de producción. Algunas preguntas: ¿Importa que una obra haya sido esculpida en el aire durante un viaje en parapente?. ¿A cien metros de profundidad en las aguas del mar negro?. ¿Conteniendo la respiración?. No. La obra vale por su condición de obra terminada. Salvo que la obra sea el proceso, arte efímero, pero ese es otro tema.

El fotógrafo argentino Gerardo Repetto (1976) es uno de los pocos artistas que encuentran un pulso creativo tanto en el proceso como en la obra tangible. El ejercicio de capturar imágenes adopta en Repetto un tinte experimental, donde se cruzan diversas disciplinas artísticas, especialmente en el estudio de la luz para componer. Una buena parte de sus creaciones se basa en los principios de la heliografía, una técnica que permite plasmar una imagen sobre cualquier soporte mediante un fluido fotosensible. El problema de la heliografía es que se necesitan más de seis horas de exposición para crear la imagen, lo cual es visiblemente incómodo cuando se trabaja, por ejemplo, con un modelo vivo. Repetto explica que la elección de la heliografía está relacionada con una resistencia a determinadas exigencias que caracterizan a la fotografía contemporánea.

La serie 222 fósforos de madera consta de 222 piezas de 5,5 x 8 cm. El concepto es crear una sucesión de objetos colocados directamente sobre papel fotográfico e impresos por acción de la luz del mismo fósforo. Es decir, se ubicó un fósforo sobre el papel sensible y se encendió otro, con la luz emitida se imprimió la imagen del primero. Luego el fósforo quemado pasó a ser el motivo del segundo fotograma, que a su vez se registró con la luz generada por un tercero, y así sucesivamente hasta utilizar los 222 fósforos que vienen tradicionalmente en una caja. Repetto no utiliza cámara ni máquina ampliadora para concebir estas fotografías.

Para Experiencia telesensible, el artista utilizó como fuente lumínica el display y el teclado de cuatro teléfonos celulares, uno por cada fotografía. Coordinadamente, un equipo de cuatro fotógrafos envía mensajes de texto al celular, la cantidad de mensajes recibidos determina el grado tonal de la imagen final. Los mensajes fueron emitidos desde cuatro lugares distintos: Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires (capital y provincia) y recibidos en Córdoba capital.

Repetto expone un hallazgo conceptual en su serie Disección de lilium, donde en lugar de exponer una imagen presenta una interpretación escrita, certificada en términos legales por un escribano. El fotógrafo empuja a los espectadores a una reflexión sobre la desacreditación de la fotografía, pero también construye un mensaje irónico sobre el analfabetismo visual: pocos son capaces de armar un discurso en base a una imagen.

La obra Desnudo, una performance realizada en vivo en la sala de exposiciones de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Córdoba, requirió de dos horas y cuarenta minutos de exposición sobre papel fotosensible. Una modelo de la cátedra de dibujo prestó su silueta, en una pose sentada, para crear una fotografía de 2 x 0,75 metros. La misma técnica utilizó en Estilitas, una modelo posó de pie casi siete horas sobre un papel heliográfico de 1,20 x 3 metros centímetros; la obra se concretó por proyección directa de sombra. Esta pieza fue realizada en vivo en la sala del Cabildo Histórico de Córdoba.

La obra Ombretipo requirió de nueve horas y media, exactamente el tiempo que una mujer durmió sobre una cama fotosensible de 1,9 x 0,9 metros. El resultado es la silueta de la mujer en distintas capas registradas por el movimiento del cuerpo durante de exposición.

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Imágenes de Gerardo Repetto
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